• Juan Cristóbal Beytía de Techo Chile, Alejandra Pizarro de Comunidad Organizaciones Solidarias, Benito Baranda de América Solidaria y Nicolás Cruz de Base Pública, hablan sobre cómo reforzar el compromiso en los voluntarios/as y cómo las fundaciones deben salir a captarlos/as.

Por Diego Zúñiga.

Solo un 11% de la población chilena realiza efectivamente un voluntariado. Así lo señala el estudio Encuesta Nacional de Voluntariado 2015, elaborado por Fundación Trascender, Hogar de Cristo y Adimark. Dicha cifra se condice con el 72% de personas que sí creen que el voluntariado contribuye a “construir un país más solidario”. El 51% de los encuestados/as afirma no participar de un voluntariado por “no tener tiempo”.

En un Chile que demanda mayor involucramiento con causas sociales y que reclama por la desigualdad, estas cifras son un tanto alarmantes. El 61% entiende el voluntariado como “una acción esporádica, sin remuneración a cambio, en beneficio de un tercero”. No obstante, algunos íconos de la ayuda social como Benito Baranda, presidente ejecutivo de América Solidaria, Alejandra Pizarro, directora ejecutiva de Comunidad de Organizaciones Solidarias, Juan Cristóbal Beytía, capellán de Techo Chile o Nicolás Cruz, director de Base Pública, entienden el rol de voluntarios y voluntarias desde otra perspectiva.

Ser voluntario/a

Benito Baranda establece que hubo un cambio en cómo se entendía la acción social: “a inicios de los 80’, el voluntariado pasó de ser uno asistencialista y paternalista a uno más activista, que se involucraba con la realidad para transformar la vida de las personas”. También apunta a que los voluntarios/as deben ser “portadores de esperanza”.

Para Juan Cristóbal Beytía, capellán de Techo Chile desde octubre de 2013, “las cosas más importantes de la vida son voluntarias”, por lo que “es deber de toda persona aportar a la sociedad. Las encíclicas sociales siempre han destacado el trabajo, porque en ese momento hace un aporte”.

El 51% de los encuestados/as afirma no participar de un voluntariado por “no tener tiempo”.

Benito Baranda, presidente ejecutivo de América Solidaria.

Juan Cristóbal Beytía, capellán de Techo Chile.

“Las cifras en Chile nos dicen que el voluntariado es bajo. La nueva riqueza es el tiempo. Los jóvenes están llenos de actividades, si los invitas a ser voluntario la respuesta es que no tienen tiempo. Estamos en un mundo sobrecargado de quehaceres”, dice Alejandra Pizarro. La directora ejecutiva de Comunidad de Organizaciones Solidarias además destaca la iniciativa de la Casa de Inserción de Formando Chile. “Es importante hacerse parte del territorio. Validen y levanten a los líderes locales. No hay manera de entender al otro estando en sus zapatos”, dice.

De las actividades realizadas por los voluntariados, la mayor parte se concentra en “trabajos comunitarios, juntas de vecino, club de deportivo” con un 29%. Según esta encuesta, solo un 9% se dedica a “clases”, es decir, desarrollo de espacios académicos. Y un 5% al “cuidado y asistencia de niños y adolescentes”. ¿Qué desafíos nos queda para aquellas fundaciones que trabajamos en ámbitos educativos con niños y jóvenes?

“La nueva riqueza es el tiempo. Los jóvenes están llenos de actividades, si los invitas a ser voluntario la respuesta es que no tienen tiempo. Estamos en un mundo sobrecargado de quehaceres”, dice Alejandra Pizarro

Nicolás Cruz, fundador de Junto al Barrio y director ejecutivo de Base Pública, cree que hay que mejorar la falta de constancia: “hay un desafío enorme de que los voluntarios sean capaces de construir un proyecto constante y que dure en el tiempo. Falta compromiso”. También apunta a la necesidad de que se vayan capacitando y que la motivación nunca se acabe: “a veces los voluntarios van a un proyecto y dicen “no me gustó” y se retiran. Las instituciones también deben hacerse cargo del proceso formativo de su gente”. Y que al momento de concretar logros “hay que tener ojo con caer en el heroísmo”.

Desconfianza y poca participación

Según la Encuesta Nacional de Voluntariado 2015, un 36% de las personas no dona porque “no confía en la gente o instituciones que piden dinero”.

Juan Cristóbal Beytía, reconoce que “hay una crisis de desconfianza institucional, tanto a la Iglesia Católica como a los órganos del Estado, que provoca que a la gente le cueste participar en voluntariados”. Pero también le atribuye cierta responsabilidad a la sociedad: “no está la costumbre de ser socio/a, de ser responsable de que funcionen bien. Muchos ciudadanos no están dispuestos a hacerse cargo del problema”.

“La crisis de desconfianza también nos repercutirá a las organizaciones sociales. La ciudadanía también nos va a pedir más transparencia de la que tenemos hoy. Ha habido malas prácticas, mala utilización de recursos y eso pone en duda a la sociedad civil”, plantea Benito Baranda.

Frente a la pregunta de cómo se reconstruye la confianza, Alejandra Pizarro plantea que la clave es la transparencia, coherencia e integridad. “Lo primero es pedirles a las fundaciones que sean transparentes. Que respondan a las preguntas de quiénes son, qué hacen, qué resultados tienen y cómo se financian. Si nosotros no somos capaces de responder eso, es difícil recuperar la confianza”.

Alejandra Pizarro, directora ejecutiva de Comunidad Organizaciones Solidarias.

Cómo hablarle al voluntariado

Beytía es contrario al estereotipo de que los voluntarios/as siempre pertenecen a estratos sociales altos, debido a que “todos los seres humanos tienen algo que aportar”. “Hay que encontrar iniciativas donde las personas puedan ubicarse y desplegar aquello que tienen para aportar”, agrega.

Por su parte, Pizarro propone: “comunicar menos sobre organizaciones y comunicar más sobre causas. Las personas se mueven por emociones. La emoción de sentir que se puede hacer algo para resolver una problemática que es urgente. Acá hay un espacio para ti, colabora. Esta es una posibilidad de muchas para aportar”.

Benito Baranda, en tanto, es de la línea de “siempre comunicar con mucha esperanza y no del desencanto”. Lo que para él no significa una alegría irreflexiva, sino que transmitir la realidad con altura de miras. “Los más importantes activistas tienen que ser personas que han sido transformadas por el proyecto. Aquel voluntario que ha sufrido una transformación mientras ha estado en tu proyecto, debe ser el rostro principal de tu causa para motivar a otros”, añade

Nicolás Cruz enfatiza en que no hay que tratar a los voluntarios/as como niños, sino “como personas que están rompiendo el molde del individualismo”. Y bajo esta línea, las organizaciones deben “entender el rol del voluntariado, ponerlos en el centro de la acción y conectarlos con la realidad”.

Nicolás Cruz, director ejecutivo de Base Pública.

Relación con las empresas

Según el Estudio Nacional de Voluntariado 2015, un 67% cree que las empresas “hacen voluntariado para limpiar su imagen”.

“Creo que las empresas tienen que ser un aporte más real a la sociedad. Hasta aquí le hemos pedido a las empresas solo su dinero y ellas ponían en su publicidad que estaban haciendo este aporte. Hoy las empresas se están entiendo como una comunidad y por ende sus trabajadores también pueden aportar con su tiempo libre”, sostiene Juan Cristóbal Beytía.  

Alejandra Pizarro plantea algo similar a lo de Beytía y es que el dinero es una de tantas formas de aportar, pero no la única. Para ella lo primordial es que las fundaciones deben ser una oferta de valor para los empresarios. “Las empresas son personas, por ende, se pueden proponer cosas que creen valor. Si vas a pedir plata para que pinten un jardín, también se puede invitar a los trabajadores”, agrega.

Actualmente en Formando Chile nos encontramos en un período de captación de voluntarios. Y esperamos contar con los jóvenes más comprometidos, aquellos que busquen involucrarse de verdad con la realidad y el contexto de nuestros estudiantes.  “Nuestros voluntarios y voluntarias son el motor de nuestro proyecto, nos permiten llevar a cabo los programas que hemos levantado, formar vínculos de confianza con estudiantes y acompañarlos hacia el ingreso a la Educación Superior”, concluye Benjamín Rodríguez, director ejecutivo de Formando Chile.