• Sus propuestas para el programa de Mentorías se centrarán en que se complemente lo académico con lo socioemocional durante las clases y  que los voluntarios/as interioricen su rol dentro de las dinámicas.

Por Diego Zúñiga.

Josefina Hughes es ingeniero comercial de la Universidad Adolfo Ibáñez, magíster en Economía y Políticas Públicas (también de la UAI) y profesora de matemáticas de la Finis Terrae. Sacó la pedagogía luego de haber estado en Enseña Chile. Fue directora ejecutiva de la fundación Forja Chile durante cinco años y actualmente trabaja en la Corporación de la Sofofa (Sociedad de Fomento Fabril), en el área educacional.

Su experiencia, tanto en Forja como Enseña Chile, le han otorgado una visión crítica sobre el voluntariado y sobre cómo se realiza la ayuda social en el país.

En los contextos más vulnerables se hacen donaciones, como la campaña de libros o de ropa. Y suele llegar la ropa en mal estado o el libro rayado. No podemos seguir permitiendo que todo lo que queramos hacer en contexto más vulnerables no merezca la calidad que uno esperaría. ¿Por qué vamos a ofrecer un mal servicio? Yo no voy a un preuniversitario y me entregan las guías rayadas”, explica.

¿Cómo fue tu paso por Enseña Chile?

La experiencia en Enseña Chile me ayudó a entender la dinámica de un colegio, qué significa tener 45 estudiantes en una sala de clases, tener 38 horas frente a estudiantes y cinco para planificar. Fue difícil, al principio me gritaban “no, que se vaya la profe de matemáticas”. Tampoco sabes cómo manejar al curso al principio. Pero fueron dos años y ahí fui adquiriendo experiencia.

¿Cuándo tomaste la decisión de aportar en temas relacionados a la educación y por qué?

Forja Chile lo formamos con mi familia y ese fue el primer voluntariado que me acercó a los jóvenes. Me empezó a surgir la pregunta ¿por qué en Chile el lugar donde se nace determina lo que podemos llegar a ser? Decidí que el lugar donde quería trabajar era la sala de clases.

¿Qué te motivó a integrarte al directorio de FCh?

Las iniciativas externas a la sala de clases son necesarias. Si yo ya tuve una experiencia de cinco años en una temática, me gustaría poder aportar y contarles a otros cuáles fueron nuestros aciertos y errores para ayudar a crecer. Mi afán es poder participar y unir fuerzas a partir de eso.

Me empezó a surgir la pregunta ¿por qué en Chile el lugar donde se nace determina lo que podemos llegar a ser?”

Las Mentorías es una iniciativa que se asimila a la que hacen otras fundaciones también en esta área ¿qué es lo que diferencia al programa de FCh?
Para los estudiantes universitarios que son voluntarios/as, los ayuda a poner los pies en la tierra, a tener una visión del país en el que se vive. Para los alumnos, hay un desarrollo socioemocional, es decir, que no solo queremos que rindan académicamente sino que también se motiven y se den cuenta de sus fortalezas para construir un proyecto de vida. 

En tu cargo como directora ¿cuáles son los principales desafíos o metas que te propones para el segundo semestre?

Son dos aristas: hacer que la parte académica con la socioemocional fluyan de una manera más armónica, que no esté tan segmentado sino que sea una clase más continua y coherente. Y que esta dinámica sea entendida por los voluntarios e instalar en ellos la idea de que su motivación y liderazgo es importante.  

Fuiste directora ejecutiva de Forja Chile por lo que tienes experiencia en el desarrollo de habilidades socioemocionales ¿cómo ves que se aplican en las Mentorías?

La manera en que el equipo de coordinación ha abordado las habilidades socioemocionales en el programa ha sido súper asertiva. Van bien encaminados. Se puede pulir más e ir dando ciertas orientaciones. Nunca hay que perder el foco, nuestro objetivo. Todas las acciones que hagamos deben ir orientadas hacia ello.

“Para los apoderados y los mismos estudiantes, las Mentorías implican una nivelación académica. Esto se esperaría que se viese reflejado en subir sus notas en el colegio”.

La EFIES (estudiantes III y IV medio) tiene resultados más medibles ¿se implementará alguna forma de medición? ¿Esperas resultados específicos?
Para los apoderados y los mismos estudiantes, las Mentorías implican una nivelación académica. Esto se esperaría que se viese reflejado en subir sus notas en el colegio. El trabajo socioemocional, el conocerse a sí mismos, ayuda que el estudiante tenga otra actitud frente al estudio, tenga ganas de estudiar.  Lo socioemocional es súper difícil de medir, pero lo que más se podría ver sería la satisfacción con el programa. Si al principio un estudiante no quería ir al colegio, que a fin de año exista un cambio y verlo de una manera cualitativa. Me gustaría escuchar de los estudiantes que sí es importante ir colegio, no por obligación, sino porque tienen un propósito, ya sea familiar, de notas. Esperaría ese cambio en los estudiantes.

Has estado en contacto permanente con el equipo de coordinación ¿cómo ha sido ese proceso?

Es impresionante ver lo involucrados/as que están, las ganas que tienen para que funcione bien el programa. Hay un trabajo inmenso. Las ideas que traigo, ya estaban pensadas, estaba súper claro en ellos qué hacer. Quizás les faltaba un poco el impulso  de “esto está bien, démosle”.

¿Surge alguna crítica hacia el voluntariado?

El voluntario asume un compromiso importante al decidir trabajar con un estudiante. Más que críticas, les recomiendo tener el foco claro y la responsabilidad que eso conlleva. No se pueden permitir hacer algo mal, no puede pasar que lleguen sin preparar una clase. O llegar tarde, con olor a trago.

¿Se viene algún cambio estructural?
Sí, en cómo se organizará este día sábado. La parte socioemocional estará más integrada a la asignatura, no tanto de forma aparte. También se harán dinámicas para que tanto voluntarios/as y los estudiantes, se identifiquen con el programa y entre ellos. Que se rompa el hielo y nos conozcamos. También se vienen jornadas dirigidas a voluntarios/as, para formarlos y capacitarlos en algunos temas.

No se pueden permitir hacer algo mal, no puede pasar que lleguen sin preparar una clase. O llegar tarde, con olor a trago”.

¿Qué mensaje le darías a nuestros voluntarios/as actuales?

Levantarse siempre cuesta, pero al final del día es tan gratificante ver cambios positivos en los estudiantes. Que mejoró sus notas y que tiene una relación afectuosa con las personas que lo rodean, esas cosas las va a agradecer.  Aunque eso sea en cinco meses, la recompensa será muy llenadora. En esos períodos de “no quiero ir”, hay que recordar que la recompensa llega.