Pablo Hormazábal, director ejecutivo de Formando Chile, realiza un balance de lo que fue el 2020 para la Corporación, y los retos para el año que comienza.

El 2020 fue, sin duda, un año inesperado para todos. La llegada de una nueva década trajo consigo, a su vez, un evento histórico incomparable con lo que habíamos vivido antes en nuestras vidas. La educación fue un sector que, como muchos otros, fue afectado gravemente por la pandemia, cambiando radicalmente el método de enseñanza al que estábamos acostumbrados a trabajar presencialmente con nuestros estudiantes. 

Es por eso que desde el inicio de la pandemia en marzo pasado, adaptamos el formato de nuestros tres programas –Mentorías, la Escuela de Formación para el Ingreso a la Educación Superior y Continuidad de Estudios Superiores– a una modalidad online, en donde se transformaron las actividades pedagógicas para seguir cumpliendo nuestra misión de potenciar el proceso educativo de nuestros estudiantes, aunque el escenario fuera distinto. 

Y si bien fue un desafío, que consistió en un trabajo profundo, también abrió la puerta a nuevas oportunidades, como la llegada de Formando Chile –por primera vez en sus 11 años de historia– a regiones: actualmente estamos trabajando con 8 niños y niñas de la aldea Cardenal Raúl Silva Henríquez en El Quisco, V Región. 

Dado que la pandemia convirtió las salas de clases en la pantalla de un celular, tablet o computador, esto evidenció las distintas brechas de acceso a la tecnología que existen en nuestro país. En el mes de marzo, solo el 70% de nuestros estudiantes podía conectarse a sus clases. Esta cifra creció a más del 90% a finales de año, gracias a la entrega de tablets y computadores a través de la Fundación Olivo, y las donaciones de United Way y CMPC. Además, gracias a WOM y Movidos x Chile, pudimos entregar 100 chips de internet a nuestros estudiantes de los tres programas, permitiéndoles participar no solo de las sesiones de Formando Chile, sino también de las clases de sus colegios e instituciones de educación superior.

Fue un año de aprendizaje y de ir ajustando una modalidad de trabajo que por años funcionó. Esto no hubiera sido posible sin la resiliencia que mostró nuestro equipo profesional, mentores/as, profesores/as y tutores/as: a pesar de las dificultades personales instauradas en cada uno por la pandemia, saber que la educación es una herramienta que cambia realidades, nos movilizó a seguir trabajando con más esfuerzo y dedicación que nunca. 

Adentrándonos al 2021, sabemos que permanecen desafíos y aparecen nuevos: los índices de deserción en la educación escolar y superior será un tema que, entre muchos otros, tendremos que afrontar con fuerza.

Pero si algo aprendimos del 2020 es como adaptarnos a tareas difíciles, pero siempre con una misión clara: que la educación pueda llegar a todas y todos, sin importar el contexto o realidad. Para eso seguiremos trabajando.