Formando Chile y Crea+ son organismos fundados por estudiantes de distintas universidades para llevar educación y alegría a niños de extrema pobreza. Al enfrentarse a realidades sociales duras, el aprendizaje es mutuo.  

PAMELA ARAVENA BOLÍVAR «El problema de la educación en nuestro país es grande, hay mucha desigualdad; se necesita urgente un cambio y no nos podemos quedar de brazos cruzados». Quien habla es Benjamín Rodríguez, estudiante de tercer año de Derecho, y quien empezó en 2011 a ir cada semana a La Pincoya a trabajar en la educación de niños socialmente vulnerables.

Él es parte del proyecto Formando Chile (FCh), que nació en 2010 de la mano de un grupo independiente de estudiantes universitarios, que hoy cuenta con 80 voluntarios que cada semana se transforman en profesores de 400 alumnos, de 4º básico a 4º medio, de los colegios Santa Teresa de Jesús y del Centro Educacional Huechuraba, en la población La Pincoya. Les imparten clases de matemáticas e inglés y les hacen talleres de contabilidad, skate , expresión y teatro. Por si fuera poco, desde agosto darán atención sicológica, harán un taller jurídico e instalarán un Centro de Emprendimiento.

Vivir en La Pincoya

«No buscamos brindar soluciones inmediatas al problema, ni ser los principales promotores de los cambios», asegura Tomás Vodanovic, uno de los directores de FCh y estudiante de Sociología de la UC. «Lo que pretendemos es ser un complemento al trabajo que realizan profesores y apoderados de los alumnos».

Dos objetivos hay detrás de la iniciativa: que los menores vean la educación como una herramienta de cambio y de libertad, y convencerlos de que la voluntad puede más que su entorno.

«Trabajamos para poder aportar en la educación, pero sin dejar de lado a la persona; para nosotros es muy importante el amor al prójimo. Por eso buscamos profesores transformacionales y no asistenciales, que se hagan parte del proyecto, que sientan compromiso con los alumnos», asegura Benjamín, estudiante de la Finis Terrae.

Macarena Droppelmann está en cuarto año de Pedagogía y desde el año pasado también es parte de FCh. Explica que cada profesor trabaja con cinco alumnos, porque la idea es entregar educación personalizada. «Yo enseño, pero también he aprendido un montón. He conocido el valor de los niños, su esfuerzo para superar situaciones complejas, su cariño, su perseverancia. Uno de pronto estigmatiza los lugares, pero cuando estamos ahí comprendemos los porqués».

Tanta es la necesidad que sienten por ser parte de la vida de estos chicos, que este segundo semestre integrantes del directorio, entre ellos Tomás, se irán a vivir a La Pincoya para comprender la crisis educacional desde el interior de las familias, y porque están seguros de que los cambios sociales deben impulsarse desde las poblaciones y en conjunto con los vecinos.

Ídolos

Un poco más al sur, en Puente Alto, partió en 2003 otro proyecto de apoyo a la educación. Crea+ vino de la mano de 25 ex alumnos del colegio Tabancura; hoy tiene 200 voluntarios de distintas universidades y ya trabaja en otros cuatro colegios, de San Bernardo y San Pedro de La Paz.

Los voluntarios van los días sábado y en el primer bloque refuerzan matemáticas, luego reparten un desayuno nutritivo y, enseguida, les hacen talleres de arte, deportivos, cocina y baile.

Pero lo que en principio fue enseñar por intuición se profesionalizó. Gracias a los aportes de socios, postulación a fondos y ayuda empresarial, Crea+ ya tiene oficina y contrató a profesores de matemáticas que planifican en conjunto con el colegio el trabajo a realizar, apoyan la enseñanza en la semana y entregan las pautas que los voluntarios reforzarán los días sábado, explica Camilo Artigas, coordinador del Programa de Voluntariado.

Los profesores son los encargados de entregar conocimientos; los voluntarios, además, generan lazos y enseñan el valor de la educación.

«Nosotros somos testigos de situaciones complejas. Desde las más recurrentes o comunes, como el bullying entre ellos, hasta cosas tan chocantes como un abuso sexual sistemático de parte de un familiar», cuenta Joaquín Malig, estudiante de sexto año de Ingeniería Civil en la Universidad de Chile. «Que vayan los sábados les permite cambiar de ambiente y vincularse con personas que han tenido más oportunidades».

Él conoce el impacto que genera Crea+: «Los universitarios son ídolos para ellos; por eso, con una dinámica diferente intentamos convencerlos del valor de la educación», agrega Joaquín.

El aprendizaje mutuo aparece también en este proyecto. «Una vez fui a dejar a un niño a su casa y vivía en un basural y, a pesar de eso, son felices. Ellos nos enseñan también», cuenta Carolina Gómez, estudiante de Educación de Párvulos de la U. Andrés Bello. «Yo había participado en varios proyectos sociales, aquí me impresiona lo ordenados que son. Uno tiene guías de trabajo profesionales y se genera un ambiente rico, familiar, motivante».

Formando Chile y Crea+ son sólo dos ejemplos del trabajo que los estudiantes universitarios realizan en poblaciones vulnerables para ayudar a quienes menos tienen a manejar herramientas educacionales de calidad.

Las organizaciones en pocas palabrasFormando Chile nace en 2010 y trabaja en los colegios Santa Teresa de Jesús y el Centro Educacional Huechuraba, ambos de la población La Pincoya. Tiene 80 voluntarios universitarios de distintas carreras para 400 niños.

Crea+ parte en 2003, con sólo 25 voluntarios. Hoy tiene 200, quienes durante el primer semestre de 2012 asistieron a las escuelas Las Palmas, Nonato Coo, Maipo y Los Andes de Puente Alto, y a la escuela Hernán Merino de San Bernardo.


El Mercurio