Lee aquí el cuento «Mi dancing Queen» de Camilo Bolívar, autor incluido en el último libro de la EFIES: «En voz alta»

Aquella tarde solo se oía el ruido del bullicioso mar lejano, ambas personas que susurraban dentro de la casa lograron ponerse de acuerdo. Rápidamente un tecleo en el computador, luego el comienzo de la canción “Take a chance on me” del grupo sueco Abba y así, al ritmo de un “pacatá pacatá” que se oía entre sus risueñas voces, comenzaron a cantar:“If you change your mind/ I’m the first in line/ Honey, I’m still free/ Take a chance on me/ If you need me, let me know/ Gonna be around/ If you’ve got no place to go/ When you’re feeling down”.
Esos éramos mi madre y yo, Camilo Bolívar Rebolledo de 17 años, el “cuchurrumín” de ella, Ana Gabriela Rebolledo, una mujer que hace un rato no veo, la distancia nos separa hace un buen rato, pero cada vez que puedo, le hablo, le canto y le escribo, esperando a que me responda.
Ella siempre fue una mujer medio adolescente, enamorada del amor y creyéndose el cuento de “La Bella y la Bestia” como una filosofía de vida, era animosa y algo torpe, pero siempre envuelta en un aura, entre misteriosa y como contando todo. Su pelo rojo solía ser peinado y teñido por mí, quien le hacía mechones de los colores purple moon y deep green sea mientras que ella teñía todo el mío de color cotton candy para ir a ver a mi abuela y que ésta nos reciba con su pelo turquesa.
Bien, no todo es perfecto y mi mamá no se abstiene de esto, su enamoramiento por el amor la hacían inocente, tomando las decisiones equivocadas y muchas veces prefiriendo a su pareja que a sus hijos. Teníamos que caminar hacia la casa de mi abuela para poder dejarlos solos y no preocuparnos por los gemidos confusos– para los niños– que mi madre podía emitir mientras “jugaba” con el papá de mi hermana.
Desde el año pasado que ella no está, su viaje comenzó de un modo confuso y repentino. Primero soñé con ella, eso ocurría cuando algo le pasaba, así que la llamé un montón para hablarle y luego de que mi abuelo contestara, me tranquilicé… hasta que él no habló más. Mi prima dijo: “Mi amor, la mamá tuvo un accidente y ahora está en el hospital, pero tú tranquilo, estamos todos con ella”.
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Ella se fue un 21 de septiembre, desde entonces, le converso a ver si me llega a responder. Así que vieja, mamá, sí te pienso. Siempre fuiste de ese modo: vehemente, impulsiva y como queriendo faltarle el respeto a todo el mundo, terca como tú misma. Muchas veces dando argumentos deleznables, gritándolos con odio y sin asumir tu derrota. A pesar de todo eso, fuiste y serás alguien a quien admiraré.

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