• La Escuela de Formación de la Corporación Formando Chile (FCh) benefició en 2017 a 100 jóvenes de establecimientos vulnerables con un preuniversitario gratuito. El 70% de ellos ingresaron a la Educación Superior. Actualmente cursan su primer semestres y comparten sus testimonios, los que demuestran que las brechas sí se pueden romper y que la PSU es un número que no defina toda la historia.

Por Diego Zúñiga.

Podemos hacer un esfuerzo. Si yo tengo que trabajar más, lo hago”, le dijo Pilar Olave (56) –quien se dedica a vender mermeladas y quesos caseros– a su hijo, Jeremy Muñoz, cuando a principios de 2017 cotizaba opciones para entrar a un preuniversitario en paralelo a su último año de enseñanza media. Para el joven egresado del Instituto Superior de Comercio de Santiago y oriundo de la comuna de Huechuraba, la posibilidad de pagar casi $500.000 por un semestre de facsímiles y ensayos, se veía lejana. “Él tenía muy buenas notas y en los test siempre arrojaba un 99%. Lo llamaron de varios preuniversitarios, pero lamentablemente yo no tenía para pagar”, recuerda Pilar.

Sin embargo, un día los profesores de Jeremy le dieron el dato: un grupo de jóvenes que trabajan en La Pincoya realizando apoyo académico y psicosocial a estudiantes de la comuna, tenían también un preuniversitario gratuito. Se trataba de la Corporación Formando Chile (FCh) que todos los sábados realizaba clases de lenguaje y matemáticas en las dependencias de la Universidad Finis Terrae.

Con cinco hijos y una nieta, a Pilar le significó una ayuda importante que su hijo se integrara a FCh. “Llevábamos años en la comuna y jamás habíamos escuchado de una alternativa gratuita. Hicimos todo lo posible, pero todo era muy caro. ¡Cuándo nos íbamos a imaginar una oportunidad así!”.

En la foto: Pilar Olave y su hijo, Jeremy Muñoz.

Formando Chile es una Corporación que busca la inclusión de estudiantes provenientes de establecimientos vulnerables en la educación superior. El programa inició en 2010 con un pequeño grupo de voluntarios que en paralelo a sus carreras universitarias, iban a las poblaciones donde querían impactar con un cambio. Luego de establecerse, comenzaron con solo 16 profesores, 60 alumnos y un colegio. Hoy, el programa cuenta con 175 jóvenes en la Escuela de Formación y 124 en las Mentorías. También hubo otros crecimientos: hay 150 voluntarios, nueve comunas impactadas en la Región Metropolitana y una alianza con la Universidad Finis Terrae, Fútbol Más y la Fundación Portas.

“Comenzamos a ir a las poblaciones y a medida que nos fuimos involucrando, nos dimos cuenta de que podíamos cambiar muchas cosas a través de la educación”, recuerda Matías Hoyl, ingeniero civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile y presidente del directorio de FCh.

Lo que partió como una mera actividad de fin de semana en donde un grupo de jóvenes iba a La Pincoya, se fue convirtiendo en un proyecto profesional y comprometido. El programa de Mentorías, dirigido a estudiantes de 1° básico a II medio, buscaba ser un apoyo en el ámbito académico –reforzar aquellas materias que estaban débiles– y acompañarlos emocionalmente con fin de potenciar la confianza en sus propias capacidades y talentos. 

Por otro lado, FCh comenzó en 2016 con una Escuela de Formación para el Ingreso a la Educación Superior (EFIES), enfocada a jóvenes de III y IV medio, en donde se realizaba un preuniversitario de lenguaje y matemáticas. Dicho proyecto comenzó prematuramente en La Pincoya con 33 alumnos, de los cuales 12 rindieron la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y ocho ingresaron a la Educación Superior.

En la foto: Apoderados, estudiantes y voluntarios participando de las actividades de Mentorías en el Colegio Santa Teresa de Jesús de La Pincoya.

“Hicimos el asunto más serio, más profesional. Aumentamos el número de profesores y comenzamos con las clases en la Universidad Finis Terrae”, explica Matías Hoyl. Ese fue el punto de inicio de 2017, año en el que el programa se expandió y creó una alianza con la UFT. Esta vez fueron 100 participantes, de los cuales 43 rindieron la PSU y 30 ingresaron en marzo de 2018 a la Educación Superior. Jeremy pertenece a este último grupo. Actualmente estudia ingeniería comercial en la Finis Terrae porque fue beneficiado con una de las dos becas 100% arancel que otorgó el plantel en el marco del convenio con FCh.

En la foto: Parte de los 30 estudiantes que participaron de la EFIES y lograron su ingreso a la Educación Superior

Jeremy realizó su práctica profesional en Formando Chile, en el área de finanzas, hasta el 5 de marzo. Pero antes, el joven de 19 años había sido seleccionado para realizar su práctica en Ultramar, una empresa de logística marítima ubicada en Las Condes. La oferta era tentadora, con buen sueldo y proyección profesional. El único problema era que finalizaba en abril. Fue por eso que Benjamín Rodríguez, director ejecutivo de FCh, le ofreció realizar su pasantía en la Corporación, en el área respectiva a sus conocimientos. “A Benja le preocupaba que Jeremy faltara un mes a clases, le dijo que no era conveniente. Entonces lo convenció. Yo igual de todas formas le dije ‘hijo, vea usted qué es más importante’. Finalmente rechazó la oferta en Ultramar”, recuerda.

Pilar se dedica a vender los productos de su emprendimiento. Es ella quien sostiene a su familia. Elabora quesos –chanco y de cabra– y mermeladas para diabéticos. “Busco calidad para diferenciarme, por lo que tengo una clientela más exigente”, asegura. Sus productos notoriamente le significan un peso, pero ella continúa. Va a la casa de sus vecinos, a los consultorios, a cada departamento de la Municipalidad. “Tengo hartos clientes ahí”, dice.    Su nieta de 14 años, Baythiare, también asiste a las mentorías de FCh. Pilar dice tener mucho que agradecer al proyecto. “Siento que, de una forma u otra, nos cambiaron mucho la vida. Jamás pensé acceder a algo así. Uno acá ve muchos chicos en la droga e iniciativas como estas ayudan”, señala.

En la foto: Pilar junto a su familia y el director social de FCh, Federico Hoyl.

“Soy la primera de mi familia en entrar a la universidad”

Javiera Rivera, 19 años, estudia contador auditor en el Duoc de Plaza Norte. Se enteró del preuniversitario porque a su colegio llegó el equipo de Formando Chile a contar el proyecto. “Me gustaba ir los sábados. Nunca pensé en la posibilidad de entrar en algo gratuito. Siempre tuve buenas notas, pero los ensayos PSU no me favorecían mucho”, recuerda. Javiera tenía reforzamientos de las asignaturas de inglés, lenguaje y matemáticas.

También es de Huechuraba. Es, como la realidad de muchas familias chilenas, la primera de su familia en hacer ingreso a la Educación Superior.  Su experiencia en FCh es una de las que lleva más tiempo porque comenzó con las clases personalizadas y pasó a la Escuela de Formación. La cataloga como “grandiosa”, dice apreciar todo lo aprendido y que conoció gente que le enseñó cosas que con sus propios medios jamás hubiese podido. Pero por sobre todo, recuerda a su mentor, Tomás Coudeu, quien la ha acompañado durante todos sus años en FCh. “Al principio me costó asimilar el hecho de que gente que no vive donde uno mismo, quiera ayudar. Es bueno que exista gente con estas iniciativas”.

Matías Hoyl, presidente y fundador, recuerda el primer acercamiento en La Pincoya. “Los vecinos nos miraban, no entendían lo que hacíamos. Siempre hay prejuicios cuando se rompen barreras sociales y geográficas. La estrategia fue demostrar que éramos profesionales”, explica. Pero los inconvenientes no solo se presentaron con los vecinos, también hubo con la Municipalidad de Huechuraba. “Si entre 2015 y 2016 tuvimos ocho establecimientos adheridos al programa, pasamos a tener dos porque el Municipio nos restringieron”, agrega. En 2014, Benjamín Rodríguez, director ejecutivo de FCh, se fue a vivir a La Pincoya. 

El objetivo de estar inserto en el sector era poder conocer más de cerca la realidad de sus jóvenes y poder así generar más confianza con ellos. Benjamín estuvo cuatro años en terreno realizando las Mentorías, mientras cursaba periodismo en la Universidad Finis Terrae. Pese a que al titularse comenzó a desempeñarse en un ámbito más administrativo dentro de la corporación, no perdió la relación con sus estudiantes.  Y era algo difícil de ocurrir porque ambos programas, la Escuela de Formación y las Mentorías, los disfrutaba al máximo. Lo primero resultó ser para él “lo más concreto porque uno acompaña estudiantes para la Educación Superior”. Mientras que las Mentorías implicaban involucrarse con el estudiante.

Califica el proceso, al igual que cualquier persona que realiza un proyecto a partir de la autogestión, como largo, con altos y bajos. También se enorgullece al recordar que en un principio comenzaron con 10 alumnos y que luego de dos años, 45 han ingresado a la Educación Superior. “Hoy tenemos una metodología de trabajo clara, profesores de experiencia, orientadores vocacionales y un equipo integral que trabaja de lunes a sábado para cumplir los objetivos”, señala el director ejecutivo de FCh.

Y otro aspecto que caracteriza al proyecto y que hasta hoy se mantiene es el sello personalizado. “Hemos comprobado que los estudiantes avanzan más rápido trabajando en grupos pequeños y tenemos que estar a la altura de ellos”, plantea Rodríguez.

Para el equipo de Formando Chile, el aumento de voluntarios también fue algo inesperado. “Partimos 15 personas, la buena voluntad fue algo clave. Fuimos creciendo de a poco. Ha sido clave crear un vínculo, porque este amarra al voluntario a querer el proyecto”, comenta Hoyl. Actualmente la fundación trabaja con 150 voluntarios y además de la alianza con la Universidad Finis Terrae, también han habido conversaciones con otras instituciones para fortalecer las alianzas. “El 2017 tomamos la decisión de llevar la Escuela de Formación a una universidad y una vez que se produjo este cambio, los chicos/as se entusiasmaron mucho porque les significó poder salir de sus casas, tomar la micro y conocer una nueva realidad”, comenta Benjamín.

La relación de confianza que se establece no queda ajena al compromiso del estudiante. “Nos damos el lujo de creer en nuestros jóvenes. Son alumnos que toda la vida les han fallado, que les han dicho que existen limitantes. En esto la asistencia es clave: no pueden faltar ningún día. Nos esforzamos porque no vayan a desertar”, explica Hoyl.  

En la foto: Algunos estudiantes de III y IV  medio en la EFIES, .

Betsabeth Sepúlveda (19) asistía a un preuniversitario en su colegio cuando iba en II° medio. Era la única que asistía y por eso, por la baja convocatoria, dejaron de impartirlo. No tenía dinero para poder pagar uno. También existía una alternativa en su comuna, Huechuraba, pero nunca supo cómo postular porque la información era escasa. En 2016, a través de una charla que brindó el equipo de Formando Chile en su colegio, se enteró de la existencia de la Escuela de Formación. Betsabeth entró a estudiar Arquitectura en la Universidad de Chile. “Han sido mucho más que un apoyo teórico. Fueron ese empujoncito que nos faltaba, nos motivaban a que siguiéramos adelante, a seguir nuestros sueños”. Además del “ambiente familiar y buena onda”, otro aspecto que destaca la estudiante es que les informaron sobre financiamiento, becas y beneficios. Además de visitas a institutos profesionales, CFTs y universidades. En ese sentido, siente que le debe mucho al preuniversitario: “Si yo no hubiese tenido claro cómo postular, en estos momentos yo no estaría esperando para entrar a clases”.

Dayanna Agüero (18) es de Pudahuel y tuvo la suerte de tener una profesora que se preocupaba y siempre se interesaba en ayudar a sus alumnos. Fue ella quien le dijo a que existía un preuniversitario gratuito. Este año ingresó a estudiar derecho de la Universidad Diego Portales. “Al principio me costó creerlo, porque en verdad yo pensaba que los preuniversitarios eran sólo lucro, hasta que conocí FCh”. “Fue bacán encontrar alguien que se preocupara por nosotros”, agrega.

Al igual que los testimonios anteriores, Dayanna valora las asignaturas de lenguaje y matemáticas para la PSU, pero también las otras herramientas que le entregó el programa: “aprendí a cómo desenvolverme y a tener confianza en mí misma”.

Premiar el mérito y reducir la desigualdad

La Escuela de Formación ha sido avalada por diversos actores de la educación, como Francisco Javier Gil, Rodrigo Tupper (Fundación Portas), entre otros. “Eso nos demuestra que hay una necesidad en Chile respecto a la equidad. Hay que solucionar el acceso de jóvenes en contexto de pobreza, para que el ámbito académico no sea un impedimento para que ellos puedan estudiar”, explica Benjamín Rodríguez.

Francisco Javier Gil es director de Formando Chile, coautor del Ranking de Notas y director de la Cátedra Unesco-Universidad Santiago de Chile por la inclusión en la educación superior. Por dichos méritos, es una voz clave cuando en medio del debate si se habla de equidad. Respecto a la trayectoria de FCh y en específico de la Escuela de Formación, destaca que “sirven para combatir la desigualdad”. Además, valora los resultados que tuvieron aquellos estudiantes que participaron del preuniversitario. “Tengo la nómina y es una tremenda alegría de ver la cantidad y calidad. Tienen alto puntaje de ranking, son jóvenes destacados”.

Se suele hablar –o más bien, estigmatizar– que los estudiantes provenientes de establecimientos vulnerables poseen carencias académicas que se ven reflejadas en su puntaje PSU, NEM y Ranking de Notas. Sin embargo, Benjamín Rodríguez ha visto en su experiencia en terreno que hay  problemas que van más allá de la materia vista en clases.  Por ejemplo, la confianza es un problema recurrente. “Son jóvenes que han estado muy marcados por el no, por el impedimento, por el ‘no vas a lograr esto’. Les intentamos mostrar que hay diferentes alternativas, pero que para lograr eso hay que esforzarse. Y ellos lo captan, se suben al barco con nosotros”, explica. Es por esas razones que en la Escuela de Formación se realiza un seguimiento mensual a los estudiantes que pasaron por el preuniversitario.  

La constancia y perseverancia, dice Benjamín, son aspectos que también fallan desde la base. “Cuando están en III° medio, les cuesta ver que si crean hábitos de estudio, eso les servirá cuando entren a la educación superior. No tienen profesionales en su familia, entonces no tienen ejemplos en los que vean cómo pueden hacer las cosas”, agrega.  

Las carreras técnicas es otro tema que le importa a Gil. Para él, existe una profunda desvalorización y prejuicio, debido a que cuando se habla de “educación superior”, siempre se asume que es la universidad. “Chile no le da importancia a lo técnico, hay un problema de estigmatización. Los países europeos valoran mucho la educación técnica y creen en su potencial y rol en la economía del país”, explica. Es por eso que el asesor en materia de equidad siempre hace un llamado a que los jóvenes opten por esas carreras.  

“Sentí que aquí había una motivación real de hacer las cosas, de forma profesional. El equipo de Formando Chile me mostró que tenían reales intenciones de crecer”, comenta Cristián Názer, rector de la Universidad Finis Terrae, sobre los inicios de la alianza con FCh

Para la máxima autoridad de la UFT, la inclusión y disminuir la brecha en el acceso a la educación, son verdaderos desafíos. “Toda universidad para ser fiel a su misión, debe ser inclusiva y estar abierta. No solo de forma pasiva, sino que salir al encuentro, salir a buscar a los jóvenes y despertar su interés”.

Otra alianza importante que ha logrado forjar FCh en los últimos años es con Fundación Portas, una entidad con 10 años de antigüedad que trabaja en los problemas académicos y de integración que un estudiante puede tener durante los primeros años en la Educación Superior. La fundación –que cuenta con el ex sacerdote de la Iglesia de Santiago, Rodrigo Tupper Altamirano, como gerente general– ofrece talleres de acompañamiento personal, nivelación académica, desarrollo de habilidades blancas, empleabilidad, entre otros.

En la foto: Estudiantes de la EFIES, en clases de preuniversitario de Lenguaje.

María Jesús Juárez, directora del programa, explica que “con la ayuda de Portas muchos jóvenes pueden seguir en la universidad y no desertar. Brindamos apoyo académico y emocional”. Según su experiencia, lo que ha visto es que a veces los estudiantes no es que no tengan las aptitudes para la carrera que eligieron, sino que “se pueden sentir agobiados con la carga académica o porque no están bien, o por problemas en la casa”. “La suma de eso hace que colapsen y sin un apoyo como este, pueden dejar la universidad”, advierte.

Macarena Salazar está en segundo año de educación diferencial en la Universidad Diego Portales. Participó en la EFIES y gracias a su desempeño recibió una beca en Fundación Portas. Lleva dos años en el programa. En un principio, le costó “tomarle el ritmo a la universidad”, por lo que su paso por FCh le ayudó a mejorar sus estrategias de estudio y organización del tiempo. Y en las habilidades blandas, mejoró considerablemente sus relaciones interpersonales: “Antes era muy tímida. Mejoré mi asertividad al momento de comunicarme”.

Actualmente, la Universidad Finis Terrae mantiene un convenio con Formando Chile, por lo que le facilitan aulas para el preuniversitario de los días sábado, además de otorgar dos becas de arancel al 100%. Desde el equipo de Formando Chile esperan crecer a nivel estructural, aumentar profesores, voluntarios e impactar a más jóvenes. También, poder generar nuevas alianzas con el instituto profesional Duoc UC y la Universidad Autónoma, además de reforzar las que existen con las fundaciones Mustakis y Portas. “Eso nos da seguridad para seguir adelante y poder perfeccionar nuestros programas para que estén a la altura de nuestros estudiantes”, dice mirando hacia el futuro.